martes, 13 de enero de 2009
Batallón 141.
Y ahí...Prieto terminó corriendo por los pasillos, tratando de encontrar el milico que me firmara el documento y así... evitar hacer la colimba. Los locos o los A.D. o los sordos... no la hacían, se salvaban. Había muy muchos jóvenes tramitando, uno de ellos decía que los milicos no servían para nada y todo este alboroto era una gran pérdida de tiempo, mientras esperaba el turno, el muchacho diseñaba autos y estaban bastante buenos, otros en cambio: no sabían leer ni escribir su nombre y el sargento, solo los retaba.
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