martes, 13 de enero de 2009
Y uno, ya vió de todo...
Todo, todito o casi todo. Ya ví una víbora plateada que atravesaba una pared, ya ví cientos de escarabajos que salian de la colcha y entraban por los orificios de mis orejas o mi nariz, también ví el tereso más grande del mundo...de metro y medio, grueso y duro como un ñoca. Un tereso de mina o trolo, supongo. Entré al baño de mochileros en San Martín de los Andes y me topé con semejante tararira... que hasta los fotógrafos de la weekend, se sorprenderían. Apreté el botón del inodoro y el tereso no se iba por las cloacas, sino que removía el agua como una bombilla en un inodoro gigante.
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