Los fiscales de la justicia federal: rompieron el precinto de papel. Los ventiletes de la Perla, se abrieron, liberando a las almas en pena, que volando por el predio militar, chocaron contra las mejillas de sus madres.
Mientras tanto, en un calabozo de Bouwer, el hombre de las cejas tupidas, de las botas y el látigo. Atinaba matar a un moscardón, que revoloteando en su cabeza, intentaba clavarle el aguijón en un párpado.
Los cuadritos de la whilpala, se confundían con las baldosas del patio, que alguna vez, habrán servido... para que los detenidos, compartieran canciones y poemas.
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