Carolina debería tener en su despacho entre paraguas y sacos: un fusil y un casco. Para defender la institución universitaria de los chacales, que pueden repetir el golpe cívico-militar del 76'. Esta vez, los camiones del ejército argentino no entrarán por la avenida principal y abrirán a patadas la puerta de la escuela de teatro, torturarán o desperdigarán a cientos de docentes al exilio.
Estoy plenamente convencido, de que se convertirá en el General mujer, más poderoso de América.
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